domingo, 26 de junio de 2011

Obsesiones en niños y adolescentes

Como parte de los procesos saludables en la infancia pueden aparecer ciertas ideas obsesivas, ciertos rituales que son transitorios y son intentos desplazados de elaborar situaciones que va viviendo el niño por ejemplo dejar la cama de los padres, controlar esfínteres, la llegada de un hermanito, pasaje de líquidos a sólidos, la entrada al jardín, elaborar la separación de un papá que se va de viaje, etc.


Estas manifestaciones son estructurantes del psiquismo de los niños, son saludables y necesarias para su desarrollo pero si se cronifican pueden ser un indicio de patología. Hay casos en los que estas ideas y rituales persisten y se instalan y ahí podemos pensar en la necesidad de un tratamiento psicológico para el niño o el adolescente.


Siguiendo a Lebovici, Diatkine y Soulé en el "Tratado de psiquiatría del niño y del adolescente", los padres suelen consultar cuando el nene o el adolescente presentan obsesiones que inquietan al entorno familiar, social o escolar. Muchas veces las consultas se realizan luego de largos períodos desde la aparición de los síntomas obsesivos ya que los chicos u adolescentes mantienen estas ideas y rituales en silencio, no las hablan con sus padres. En otros casos los padres y el entorno naturalizan la situación ya que los adultos mismos conviven con ideas obsesivas y esto es tomado como natural en el ambiente familiar.


Ideas obsesivas y rituales

Aparecen en algunos niños y adolescentes ideas obsesivas y rituales o acciones compulsivas para controlar o calmar estas ideas y suelen aparecer inhibiciones o impedimentos.

También es común la duda constante en relación a estas ideas obsesivas. Las explicaciones que dan los padres no suelen lograr apartar la duda del niño o el adolescente, por más que sean explicaciones lógicas y racionales. Surge mediante estos rituales una necesidad importante de controlar al otro.

Estas manifestaciones pueden implicar diversos grados de gravedad lo cual nos va a indicar distintos tipos de patologías subyacentes.

Algunos chicos o adolescentes necesitan bañarse varias veces por día, lavarse reiteradamente las manos, ordenar todos los objetos de su cuarto y colocarlos perfectamente derechos, otros necesitan contar varias veces todos los juguetes que tienen, son excesivamente ordenados, meticulosos, pueden tener miedo de enfermarse o contagiarse enfermedades, etc.

Hay niños o adolescentes en que estas manifestaciones se reducen a un momento del día determinado o se presentan frente a situaciones puntuales lo cual hace que el resto del tiempo puedan funcionar normalmente en distintos ámbitos, en cambio en otros niños donde se observa una mayor gravedad estas manifestaciones se presentan acompañadas de mucha angustia y no logran calmarse frente a los intentos de explicaciones de los adultos o con sus propios rituales.

Hay chicos y adolescentes que presentan cierta mentalización que implica no poder parar de pensar y hablar como intento de controlar la situación que se les presenta.
Por ejemplo un niño que habla de la lucha entre los soldaditos, describe toda la batalla con lujo de detalles pero no puede pasar a la acción, no toma los soldados ni el barco para jugar, no hay acción, la batalla permanece en el orden de la palabra.
 Hay que pensar en estos casos si el lenguaje esta siendo utilizado de una manera saludable, para comunicar o esta marcando la dificultad para el uso de otros códigos habituales en los niños por ejemplo el juego, el cuerpo, el contacto con el otro, etc. se podría pensar que hay un intento de controlar todo mediante el lenguaje, que nada se mueva. El pensamiento coarta la acción como forma defensiva, un intento fallido de resolver algún conflicto psíquico que no está pudiendo elaborar.




Imaginemos algunos ejemplos

-Un niño para no pensar en la idea que se le impone constantemente de que su papá puede morirse, tiene que llevar a cabo un ritual que implica decir tres veces el nombre de su padre tocándose la boca de una manera particular para aliviarse.
-Una niña no puede comer nada que sea de color amarillo, selecciona cuidadosamente las comidas.
-Para asegurarse de que no iba a tener diarrea durante la mañana, un adolescente, debía rezar tres veces el rosario todas las noches arrodillado frente a su cama y hacer repetidas veces el signo de la cruz.
-Un niño entra en llanto desconsolado si sus zapatillas se ensucian o se desatan.
-Una adolescente necesita contar las baldosas de la calle a diario en el recorrido hasta su escuela para asegurarse que ese día no se le tomará una evaluación oral.
-Una niña debe preguntarle a su madre y a su padre constantemente si no se desmayará, por haber por ejemplo caminado rápido, por haberse levantado bruscamente, por haber comido mucho, etc.
-Un niño necesita utilizar un trapo para tocar cualquier artefacto ecléctico debido a que, si su piel entra en contacto con el artefacto, está convencido que se electrocutara.
-Una niña necesita alejar la idea que se le impone constantemente de que puede salirle sangre, que puede golpearse y lastimarse o contagiarse alguna enfermedad al tocar a los otros. Para evitarlo realiza un ritual que implica lavar cualquier parte de su piel que esté expuesta con alcohol.
-Una paciente adolescente se siente sucia y por más que se baña muchas veces al día y limpia la casa constantemente necesita ingerir desinfectantes o productos de limpieza para asegurarse estar limpia por dentro.


Conclusión
Estas ideas obsesivas y rituales en la infancia forman parte de un desarrollo normal del psiquismo de los niños y les permiten en forma desplazada ir elaborando conflictos internos propios del crecimiento saludable.
Si estas ideas se instalan, persisten en el tiempo, generan angustia o impiden el normal desenvolvimiento del niño o el adolescente tornándose mecanismos de defensa rígidos y fijos frente a conflictos de tipo inconsciente es necesario hacer una consulta psicológica.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buen tema e importante, quisiera saber si los niños pueden copiar esas manías u obsesiones de alguien cercano , es decir si una persona esta pendiente que su hijo no se ensucie las manos, o que tiene que comer de tal modo la cena, esto puede aturdirlo y contagiar esas acitutdes y convertirse en manias?, ¿ somo los adultos muchas veces responsables de que nuestros hijos puedan adquirir alguna de esas manías ?.

Anónimo dijo...

Mi hija de 9 anos no puede quedarse dormida con facilidad. No es obsesiva en su comportamiento pero no se por que le cuesta mucho (dos horas) quedarse dormida. Podrias orientarme?

Romina dijo...

Muy interesante el tema, mi hijo está haciendo un tratamiento psicoterapéutico por el tema de las obsesiones. Siempre fue un niño serio, autoexigente, difícil de poner límites, que se angustiaba mucho cuando las cosas no eran como él decía que tenían que ser, que se frustraba cuando en el jardín algo no le salía como él consideraba que estaba bien. Le costaba disfrutar de un cumpleaños en un pelotero, porque se quedaba preocupado porque todas las luces del salón estuvieran prendidas. Le costaba hacer amigos porque siempre quería imponer sus reglas y jugar a lo que él decía y como él lo establecía, de no ser así se angustiaba, se ponía a llorar. Cualquier dificultad para él era terrible, un drama. Siempre fue muy inteligente, con lo cual sus razonamientos nos sorprendían y nos sorprenden. Además de las obsesiones tenía otros síntomas como dificultad para controlar esfínteres (en relación a la caca, aunque no era todos los días, se le escapaba en situaciones que para él eran emocionalmente movilizantes) Después de muchas consultas, de diagnósticos tales como Inestabilidad, ADHD, celos por el nuevo hermano, encontré un profesional que me dijo algo que nadie me había dicho nunca: que mi hijo no estaba desatento, que no se dispersaba, de lo contrario le costaría mucho aprender, sino que él estaba atento a otras cosas, a detalles que para nosotro no eran importantes. Que era un niño muy preocupado y pendiente por su funcionamiento en relación a las demandas adultas. Esto le impedía disfrutar de manera relajada de las diferentes situaciones tanto de juego como de aprendizaje. Mi hijo tenía un juego simbólico empobrecido, su juego era bastante estructurado: armar con los bloques, armar el laberinto de bolitas, siempre armar diferentes diseños y que quedaran así. Hoy después de casi 9 meses de tratamiento con éste profesional, de un cambio de actitud por parte de nosotros (sus papás) y de un cambio de escuela (donde lo comprenden, lo acompañan, lo contienen), mi hijo es otro nene. Hoy puedo decir que mi hijo JUEGA de verdad, porque su rostro expresa felicidad, porque disfruta, se ríe, comparte, inventa historias, imagina, crea, tiene amigos y le encanta jugar con ellos. En la escuela le va muy bien, es muy inteligente, se siente motivado y entusiasmado. Aun le cuestan algunas cosas, pero hoy puedo decir que mi hijo es feliz. Creo que lo principal es tener paciencia, saber que va a haber avances y retrocesos, pero sobre todo avances, y que eso depende de nosotros y de él, aunque pienso que depende más de nosotros sus papas (y esto es una opinión personal). Creo que hacernos cargo de los errores en la crianza, pero no sintiendo culpa, sino tratando de comprender y ver qué es lo que nosotros le ofrecimos y le ofrecemos, y qué no le supimos ofrecer. Es importante de a poco lograr cambiar actitudes, maneras de escuchar, de estar para él, maneras de poner límites en lugar de imposiciones. Aprendimos a alojar a nuestro hijo, a contenerlo pero no ahogarlo, a dejarlo ser él mismo, a confiar en él y en nosotros como padres.

Lic. Maria Paula Gerardi dijo...

Nuevo mail donde recibo sus consultas consultas@mariapaulagerardi.com.ar Lic. Paula Gerardi