sábado, 1 de marzo de 2008

Los límites parte II: Penitencia, rincón, paliza, premios y castigos

¿Qué hago?, ¿Lo pongo en penitencia?, ¿Lo castigo y no lo dejo hacer lo que le gusta?, ¿Le doy una paliza de vez en cuando?, ¿Lo mando a su habitación y lo dejo llorar?, ¿Lo amenazo o lo asusto con algo para que pare y haga caso?...

Concuerdo con respecto a este tema con Claudia Ester Gerstenhaber, que en su libro Los límites un mensaje de cuidado hace una interesante reflexión sobre las diversas formas de intervenir de los adultos cuando quieren poner un límite.

Para pensar juntos…


La Penitencia:

“Te vas al rincón a pensar”. ¿Realmente el chico va a pensar algo con respecto a lo que hizo o va a esperar que pase el tiempo y entretenerse con otra cosa?. ¿Está en condiciones de reflexionar solo sin la mediación del adulto?
“Te vas a tu cuarto en penitencia”. Lo excluimos como un castigo. Una alternativa podría ser separar al nene de la situación diciéndole que se aparte hasta estar más sereno, dándole la posibilidad de decidir cuando volver... por ejemplo “así no podes seguir jugando porque rompes tus juguetes y yo no voy a permitir que hagas eso, vas a sentarte un ratito ahí y cuando estés mas tranquilo volvés a jugar”.

Premios y castigos:
“Si haces la tarea te compro chocolates”. Esto implica adiestramiento, no aprendizaje. ¿Se los recompensa por hacer lo que deben? ¿Esto no estará generando especulación?.
“Como no guardaste los juguetes, ahora no ves la tele”. Estamos castigando a nuestro hijo desde un lugar arbitrario que le impide apropiarse de la norma; el nene nos hace caso, pero... ¿qué aprende?.


Obligar a pedir perdón:

Cuando no hay un arrepentimiento real y el nene da un beso y pide perdón por obligación ¿no les estaremos enseñando a ser hipócrita?
Recordemos cómo nos sentíamos de niños cuando nos obligaban a hacer esto. Seguramente nos daba mucha bronca y nos sentíamos impotentes por ser obligados a hacer algo que no sentíamos.


Gritos, violencia física y verbal:

Hay algunos padres que creen que a veces un chirlo a tiempo es necesario sobre todo frente a situaciones en que nuestro hijo corre riesgos, por ejemplo: tocar el enchufe, cruzar solo la calle, etc. Creo que a veces en estas situaciones es suficiente con elevar el tono de voz, decir un “no” firme y sujetar fuerte al niño protegiéndolo de la situación riesgosa.
En general los golpes, los insultos o los gritos generan en los chicos bronca, sufrimiento, miedo, dolor y resentimiento. Al mismo tiempo les estamos enseñando un modo de relacionarse con los otros y de resolver problemas a través de la violencia: ¿es eso lo que queremos que aprendan?







Amenazas:

“O te lavas los dientes o no te leo el cuento”. Le estamos dando la posibilidad de elegir, pero... ¿deben tener esa opción?, ¿las amenazas las cumplimos?


Mentirles para que obedezcan:

“Si no venís para acá el monstruo te va a comer” o “Ahí viene el hombre de la bolsa”...
Esto genera mucho miedo, no olvidemos que los chicos creen en lo que les decimos los adultos. Cuando son muy pequeños no diferencian claramente realidad de fantasía. Al mismo tiempo les estamos enseñamos a mentir.


Entonces, ¿Qué hacemos?:


  • Los chicos tienen que saber qué cosas pueden hacer, qué cosas no y por qué.
  • Permitirle a los chicos que experimenten los efectos de su comportamiento y que internalicen las normas.
  • Enseñarles a reparar el daño que hicieron, a hacerse responsables de sus actos y reconocer que sus acciones afectan a los otros.
  • Por ejemplo:“Si pegás lastimas a tu hermano y el ya no va a querer jugar con vos. No pegues, si algo te molesta decilo con palabras”. Apartarlo del juego si es necesario, y darle la opción de volver cuando pueda volver a jugar sin lastimar.
  • “Rompiste el libro que te prestaron en el jardín, los libros no se pueden romper. Vamos a arreglar juntos la hoja que se rompió”
  • Es importante limitar la acción sin bloquear la emoción y buscar una forma alternativa y aceptable para que exprese lo que siente. Por ejemplo, si tiene mucha bronca, se le puede ofrecer que le pegue a un almohadón, o alentarlo a decir qué le molesta y cómo se siente.“Estas enojado porque querías sentarte donde se sentó tu hermano. En lugar de empujarlo, decile lo que te pasa y buscá otra forma de resolverlo; ¿por qué no le preguntas si quiere cambiarte el lugar o si pueden estar ahí un rato cada uno?”. Si el hermano no acepta, ayudarlo a tolerar la frustración y permitirle que exprese su enojo.


Conclusiones:

Cada familia elegirá cual es el la forma de limitar a sus hijos con la que se siente más cómoda, lo importante es que estemos convencidos del limite que queremos poner, expresar claramente el “no” y sostenerlo, explicarle el por qué del límite, acordar con la pareja u otro adulto responsable normas claras y no enviar dobles mensajes.

Poner un límite y sostenerlo implica un esfuerzo, energía y armarse de mucha paciencia.
Es importante conocer nuestro nivel de tolerancia y apartarnos cuando es necesario, dejando la situación en manos de otro adulto que este más sereno.




Notas relacionadas

Los límites parte I: Los berrinches
Los límites parte III: Cuándo poner límites
Problemas de conducta