martes, 29 de enero de 2008

Los límites parte I: Los berrinches

A pedido de varios lectores, les escribo algo sobre un tema complicado que suele preocupar mucho a los papás: los límites. “Lo reto y hace un berrinche”, “Me saca de quicio”, “mi marido nunca le dice nada y yo quedo como la mala”, “Se me va la mano y le doy un chirlo”, “Lo reto, llora y lo dejo hacer lo que quiere”, “Estoy muy cansada como para decirle que no”…

Les propongo reflexionar sobre qué implica poner límites para nosotros como adultos, repensar en cómo nos ponían límites (o no nos ponían) nuestros padres y abuelos. ¿Hacemos lo mismo?, ¿hacemos lo contrario? ¿Hacemos algo nuevo o diferente?.

Podemos pensar cómo nos sentimos actualmente al poner un límite. Si nos da miedo nuestro hijo, si nos invade la bronca, si podemos mantener el límite que pusimos o si nos sentimos culpables.

Qué son los límites y por qué es importante ponerlos

Los límites son un marco de referencia, de seguridad y contención, ayudan a los chicos a organizar su vida interior y exterior, a saber qué está bien y qué está mal, qué es peligroso y que no, qué está permitido y qué prohibido.
Al poner un límite enseñamos a los chicos a controlar sus impulsos, a pensar y a buscar opciones alternativas para enfrentarse a la vida.
La puesta de límites implica dos momentos, primero es el adulto el que establece las normas y luego el niño las internaliza, permitiéndole esto regular su propia conducta.

Pera tener en cuenta

Es tan perjudicial la falta de límites como el exceso de los mismos.
La falta de límites produce hijos “tiranos” que hacen todo el tiempo lo que desean, no pueden esperar y no toleran la frustración. Son chicos que pueden sentirse no mirados o no queridos.
El exceso de límites genera hijos con miedo, inhibiciones y bronca. El exceso de “no” y los “no” arbitrarios pueden llevar a los chicos a revelarse contra ellos.


Los berrinches

Enojo, Gritos, llantos, patadas… ¿qué hacemos?.
Tenemos que contener a los chicos cuando están invadidos por el miedo, la bronca, en medio de una pataleta o con un desborde de llanto.
La idea es, luego de pasado el berrinche ya que en medio del desborde no puede escucharnos, hablarles y ayudarlos a identificar lo que sienten y expresarlo con palabras. Si se tira al piso, nos patea, pega o muerde, poder sostenerlo y abrazarlo con fuerza, darle tiempo para que se tranquilice y decirle que no vamos a permitir que se lastime o que nos lastime. A veces en medio del desborde no permiten que los toquemos, darle tiempo a que se le pase para luego poder conversar, pero si se esta poniendo en riesgo, lastimandose o lastimandonos, revoleando objetos, hay que poder detenerlo poniendo un límite desde lo corporal ya que en ese momento a veces no alcanza con la palabra.
Mientras tanto podemos pensar ¿qué pasó antes del berrinche?, ¿qué nos está queriendo decir?, ¿qué necesita?. Les propongo tratar de decodificar qué le está pasando al nene y luego poner esto en palabras. A los nenes más chiquitos hay que ayudarlos a entender lo que sienten ofreciéndole palabras, por ej.: ¿tenés miedo?, ¿tenés sueño?, ¿estás enojado?.

Una situación concreta

El nene agarra el portafolio del papá y lo abre sacando sus papeles: el papá se enoja lo reta y el nene hace un berrinche.
¿Qué se puede hacer frente a esta situación?. Una opción posible es la siguiente:
“Estás enojado (qué siente el nene), tenías ganas de ver qué hay en mi portafolio (qué quería hacer). Para mi es importante que esté ordenado y que no lo toques sin mi permiso (qué siente el papá). Las cosas que hay ahí no son para jugar, papá las usa para trabajar y no las podés tocar solo (qué no se puede y por qué). Si querés, nos sentamos juntos y te muestro algunas cosas que tengo y te cuento que son… (le damos una opción alternativa)”.
Sé que esta situación parece muy ideal o difícil de llevar a la práctica, sobre todo cuando estamos cansados, con bronca o preocupados por otros temas, pero vale la pena intentarlo. Por otro lado, esta no es la única opción, cada papá irá encontrando las palabras según su estilo personal.

Notas relacionadas

Los límites parte II: Penitencia, rincón, paliza, premios y castigos
Los límites parte III: Cuándo poner límites
Problemas de conducta