jueves, 3 de abril de 2014

El consumo de drogas en la adolescencia


La  OMS define a la adolescencia de la siguiente manera: “La adolescencia es el periodo  de la vida en el cual el individuo adquiere la capacidad de reproducirse, transita de los patrones psicológicos de la niñez a la adultez y consolida su independencia económica”.

 
La adolescencia es una etapa de cambios e implica el tránsito por determinados trabajos psíquicos necesarios para la constitución subjetiva.  Alguno de los trabajos psíquicos que los adolescentes deben transitar en esta etapa son: el pasaje de lo familiar a lo extra familiar, el encuentro con la genitalidad, la inscripción psíquica de un nuevo cuerpo, el pasaje del jugar al trabajar, el encontrar un proyecto propio.
 

Los motivos de consulta en este periodo suelen tener que ver con dificultades en la relación con los padres, dificultades en lo escolar, problemas con los pares, trastornos  en la alimentación, enfermedades corporales, conductas disruptivas, aislamiento, problemas con la sexualidad y consumo de drogas entre otros.

 
La adolescencia ofrece un terreno fértil  para el consumo de drogas por la ansiedad que generan los cambios propios de la pubertad, por los trabajos psíquicos que debe transitar el adolecente en esa etapa, por el  aspecto ritual de las drogas, por  la presión del grupo de pares, por la influencia de los medios de comunicación y las redes sociales, por la búsqueda de identidad, etc.

 
El adolescente debe encarar el pasaje de lo familiar a lo extra familiar, proceso en el cual lo extra familiar deviene más importante que lo familiar, en ese momento surge la necesidad imperiosa de alejarse de la familia, diferenciarse , buscar un lugar en el afuera y no ya dentro de lo familiar.

 
El adolescente necesita fuertemente del grupo de pares y también necesita objetos que lo acompañen en el recorrido exploratorio, hay distintos objetos acompañantes que cumplen la función de apuntalamiento y que son  investidos por el adolescente , por ejemplo determinada ropa, determinado instrumento musical, etc.

 
Muchas veces los adolescentes usan sustancias adictivas para acompañarse en el recorrido exploratorio. Estas sustancias los llevan a explorar el mundo por medio de sensaciones que puede estar inhibiendo una verdadera salida al mundo y un verdadero trabajo psíquico de investimento de lo extra familiar y de su nuevo cuerpo.
 

En la adolescencia puede aparecer cierta tendencia a refugiarse en sensaciones que vuelve a la persona proclive a la adicción y que la impulsa a esos períodos donde se fuma o se bebe en exceso o se prueban diversas  drogas.
  


El consumo de drogas puede tener que ver con una fase exploratoria y pasajera, puede ser una respuesta sintomática frente a determinada conflictiva psíquica o puede tener que ver con trastornos o patologías más severas en lo que respecta a la constitución psíquica temprana.
 

Un adolescente puede recurrir al consumo de drogas por ejemplo como forma de ser aceptado por el grupo por una problemática depresiva o fóbica de base. En cambio otro adolescente puede consumir drogas desde un lugar exploratorio del universo de lo extra familiar eventualmente en algunas situaciones sociales.


 Para hacer un diagnóstico diferencial y evaluar la necesidad de una intervención terapéutica  es importante poder  distinguir entre los adolescentes que se drogan por curiosidad y en forma esporádica de los que no pueden prescindir de las drogas. En esos casos hay que poder preguntarse por qué ese adolescente en particular utiliza esa modalidad, que en algunos casos puede ser defensiva, para  tramitar determinada  problemática psíquica de base.

 

Conclusión
 

Es importante interesarse por los motivos  que llevan al adolescente al uso de las drogas. Hay que poder evaluar en que trabajo de simbolización se encuentra ese adolescente, ver si se encuentra atascado o sin poder realizar alguno de los trabajos psíquicos correspondientes a esta etapa.

sábado, 1 de marzo de 2014

Eligiendo niñera...


Terminan las vacaciones, vuelta al trabajo y las obligaciones. ¿Con quién dejamos a los chicos?, ¿Qué opciones tenemos?, ¿Cuál es la más indicada para nosotros?...

A la hora de elegir una niñera…

Es importante elegir una persona que nos de confianza, que en lo posible tenga experiencia en el cuidado de niños. Que pueda haber continuidad en las rutinas y formas de crianza que eligen los padres y el tiempo en que el niño está con la niñera.

Los padres pueden buscar diferentes cosas al elegir una niñera, por ejemplo que la niñera también limpie, que sepa de primeros auxilios, que sea profesional o estudiante (maestra jardinera, psicopedagoga, psicóloga), que  sepa resolver conflictos, que pueda prepararles la comida, que pueda retirarlos del colegio o llevarlos a actividades extra escolares, que sepa poner límites, que sea afectuosa, etc.


Hay diferentes opciones, desde empleadas domésticas que a la vez que cuidan a los niños se ocupan de la limpieza de la casa, hasta niñeras especialistas  que se contratan a partir de una agencia y que suelen tener formación profesional .

Al principio hay que tomarse un tiempo para ver el vínculo que se genera entre el niño y la niñera. Es importante que los padres expliciten a la niñera que es lo que ellos esperan con respecto al cuidado de los chicos. Esto implica poner en claro que valores, creencias y mensajes se trasmitirán a los niños.

Los padres siempre son los encargados de tomar las decisiones sobre la crianza, deben establecer reglas  y normas caras, y generar un espacio de dialogo con la niñera  para llegar a acuerdos sobre este tema.

No hay que dar por sentado que la niñera  resolverá las situaciones de la forma que nosotros esperamos, por lo tanto es tarea de los padres: poner en claro qué limitar y que no, cómo limitar,  como actuar si los hermanos se pelean, que hacer si no quiere comer, etc. establecer rutinas y horarios  (sueño, alimentación, higiene),  pautar normas de seguridad dentro y fuera de la casa, regular que programas de televisión verán, cuando usarán la computadora, etc.

Es esperable que cuando los padres no estén  y dejen a los niños al cuidado de la niñera, esta cumplirá funciones maternas y paternas que tienen que ver con cuidar, sostener, dar afecto, jugar, ayudar con las tareas escolares y poner límites. De este modo la empleada se constituirá  en una de las tantas figuras cercanas a los niños que contribuirá en la formación de la vida del niño y formara parte de la crianza.

Si notamos algo que nos preocupa o nos llama la atención es importante hablar con los chicos y escucharlos, observar el vínculo entre el niño y la niñera e intervenir si es necesario.

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sábado, 1 de febrero de 2014

El juego y los juguetes en la infancia


En la infancia,  la principal actividad a la que está dedicado el niño, a la que dedica más tiempo y energía, es el juego.

El poder experienciar, el tener lugar de la experiencia, es imprescindible en la constitución subjetiva, está íntimamente ligado con el explorar y el jugar. La mayor parte de la  actividad del niño pequeño en lo que respecta a su constitución subjetiva pasa por el jugar.

Crear un ambiente facilitador para que los bebes y los niños puedan explorar libremente y jugar, con la mirada del adulto que lo protege, estimula y acompaña es muy importante para un desarrollo psíquico saludable.

Compartir diversos momentos lúdicos con los hijos es muy saludable para la constitución subjetiva, a no todos los padres les gusta sentarse a jugar con los juguetes, muchos padres no tienen tiempo y  no es necesario que lo hagan. Un momento lúdico puede darse a partir de inventar un  cuento mientras la mamá cocina, cantar en el momento del baño, hacerle cosquillas al llegar del trabajo, etc.

Más allá del objeto que se le compre  lo importante es que el niño pueda “transformarlo en un juguete”, pudiendo desplegar su imaginación, explorar, crear a partir de él. Lo importante no es el juguete en si sino el juego que el niño despliega a partir de él.

 
 

Un niño puede transformar una mantita en su objeto preferido con el que se siente acompañado y al que le otorga vida, como es en el caso del objeto transicional.

Un  objeto no es un juguete, aunque lo hayamos comprado con tal fin, hasta tanto el niño lo convierta en un juguete. Sabemos que muchas veces uno puede traer un juguete al niño y este queda en el piso mientras el niño pone toda su energía en explorar la caja en la que este venia. Esa caja en ese momento para ese niño se transformó en un juguete.

A la hora de elegir un juguete hay que tener en cuenta la edad del niño, que sea algo que lo sorprenda o algo que el desee, que le permita explorar, que sea seguro y adecuado para la edad, que no sea demasiado complejo ni demasiado sencillo para el niño.

En esta época es evidente  como  la influencia de los medios de comunicación como la televisión e internet y las publicidades dirigidas a los niños van generando en los chicos la necesidad de consumir e  influyen en sus elecciones. Algunos niños piden sus juguetes  influidos por estos medios y esperan recibirlos, otros prefieren que sea algo que los sorprenda.

Cada niño reaccionara de manera singular frente a la presencia de un juguete nuevo: puede sorprenderse, puede no gustarle, puede ir acercándose gradualmente,  puede explorarlo, puede no prestarle atención, puede enojarse o decepcionarse por no ser lo que esperaba, puede encantarle, etc.

 

A la hora de compartir los juguetes muchas veces aparecen enojos, peleas y berrinches. El poder compartir es un proceso que se va construyendo durante la infancia y es importante el rol el adulto como mediador sobre todo cuando los chicos son muy pequeños (dos y tres años).

 
Conclusión
No es necesario que los chicos tengan cantidades enormes de juguetes. Recordemos que cualquier objeto de la casa puede ser transformado por el niño en un juguete y cumplir la misma función. Lo importante es facilitar el juego.


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domingo, 5 de enero de 2014

Fobias alimentarias en la primera infancia


La alimentación es una forma de comunicación entre la madre y el bebé, dar el pecho o la  mamadera en un ambiente cálido, de conexión y de ternura va dejando huellas psíquicas en el niño y construyendo su subjetividad. Es saludable que desde esos primeros momentos que son las primeras experiencias del niño con la alimentación  y que están muy ligadas al contacto con el cuerpo materno, con las miradas, las caricias y las palabras sean experiencias placenteras para ambos.
 

El pasaje de líquido a solido es un momento muy importante en lo que respecta a la alimentación, es un momento donde es importante la exploración, permitir que el bebé juegue con los alimentos, que los toque, que se ensucie, que pase los alimentos por su carita, que juegue con la cuchara, que tome el vaso. Estas experiencias enmarcadas en un ámbito de juego, exploración y afecto marcan el futuro vínculo del niño con la alimentación.
 

En su libro Padres e hijos  R. Rodulfo plantea “¿Cómo se cuida una experiencia para que pueda desenvolverse, desplegarse, para que pueda tener lugar?”. D. Winnicot habla de que algo para ser considerado experiencia debe estar hecha en juego y de juego.

Es importante establecer una diferencia entre  experienciar y reaccionar. El experienciar tiene que ver con la creación, con el juego, en cambio el reaccionar impide la constitución de una experiencia propia, tiene que ver con la adaptación. Tener una experiencia equivale a “ser”,  en cambio reaccionar ante un ataque o una interferencia que viene del medio no permite tener una verdadera experiencia.


Experienciar con el alimento implica que el adulto facilite un ambiente donde él bebe pueda tocar la comida, pasarla por su cara, explorar con la cuchara, etc. Experienciar tiene que ver con el deseo, el juego y la exploración.

Rodulfo en su libro el psicoanálisis   de nuevo plantea “La emergencia de las primeras y universales actitudes de rechazo al alimento permiten entrever que merecen  ser incluidas entre las fobias universales…a la vez el niño descubre y disfruta cierto poder desconocido cuando amamantaba: la práctica del si y del no el ejercicio activo de lo tengo lo escupo”…Estas fobias…” constituyen  parte de un juego de una estrategia de escritura de diferencialidades a través de la cual el niño organiza su deseancia”.

El niño comienza el ejercicio de diferenciarse del adulto a través del ejercicio activo  del “no”, lo cual implica comenzar a conectarse con su propio deseo.

En el pasaje del líquido al solido suelen presentarse fobias alimentarias saludables, negarse a comer, seleccionar la comida, etc., habla de que el niño está haciendo un trabajo psíquico activo para resolver el conflicto que se le presenta (pasar de líquido a sólido, comenzar a diferenciarse del adulto, conectarse con su deseo). Si esto se instala y se rigidiza entramos en el campo de la psicopatología pudiendo instalares una anorexia de la infancia.

Reaccionar  a diferencia de explorar se asocia a situaciones en las que él bebe  solo recibe pasivamente el alimento impidiéndole la exploración o lo recibe en forma violenta. El niño puede reaccionar negándose a comer y si esto perdura en el tiempo puede instalarse una patología.

Conclusión

Alimentación y afecto están íntimamente ligados. Dependiendo de cómo sean las primeras experiencias de encuentro del adulto y  el niño con la alimentación desde los primerísimos tiempos va a depender el vínculo del niño con la comida durante toda la vida.

Fallas en el vínculo entre el adulto y él bebe en estos primeros tiempos pueden generar algunos trastornos en la alimentación como ser fobia a la comida, anorexia, obesidad.